Seguro que has escuchado mil veces eso de que "el amor todo lo puede" o que "quien bien te quiere, te hará llorar". Nos han educado con la idea de que amar implica sufrir, pero hoy quiero que nos sentemos a hablar de esto, porque hay que matizar. Es cierto que cuando una relación madura y se enfrenta a la vida real, surgen dificultades. El paso del tiempo, las preocupaciones del día a día, los baches económicos o las crisis familiares pueden hacer que el camino en pareja sea una verdadera cruz a veces. Pero en esos casos, la pareja es el equipo que se apoya para cargar la cruz; la relación en sí debería seguir siendo un refugio. Una cosa es pasar juntos por una racha difícil de la vida, y otra muy diferente es que, desde el inicio o al poco tiempo de conocer a alguien, empieces a sentirte mal por culpa del propio vínculo.Si acabas de conocer a alguien y pasas los días con un nudo en el estómago, si la mayor parte del tiempo estás en angustia, tristeza o preocupación por lo que esa persona hace, dice o piensa de ti, abre los ojos. Esa intranquilidad constante no es ni pasión ni romance intenso. Es la señal de alerta de tu intuición avisándote de que algo no anda bien.
Es importante que entiendas que no puedes construir tu felicidad sobre un cimiento hecho de drama, dolor y dudas.
Si estás empezando con alguien y todo se siente confuso, es normal que te preguntes: ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué me duele tanto si se supone que nos gustamos? Para entenderlo sin juzgarte y sin juzgar a la otra persona, vamos a mirar las cosas con calma. A veces la respuesta no es tan blanca o negra.
Desenredando el nudo: ¿De dónde viene este malestar?
Cuando una relación nos hace sufrir desde temprano, el origen del problema puede estar en tres lugares diferentes. Míralo como un ejercicio de observación, sin buscar culpables con el dedo, solo para entender la realidad:
- A veces, la raíz está en nuestra propia mochila: Es duro admitirlo, pero a veces la otra persona no está haciendo nada malo y, aun así, sentimos una ansiedad que nos devora. Si notas que necesitas que te contesten los mensajes al segundo para no entrar en pánico, o si te imaginas que te van a dejar en cualquier momento, puede que la mente te esté jugando una mala pasada. Quizás es momento de pausar ese vínculo que te hace sufrir, y dejar un tiempo para centrarte en trabajar en tu propia seguridad, aprender a construir un apego más saludable, cultivar tu propia independencia y entender que tu valor no depende de cuánto caso te hagan hoy.
- Otras veces, el comportamiento del otro nos apaga la luz: Hay personas que, por sus propias heridas o por inmadurez, tienen actitudes que lastiman profundamente. Si te ignora durante días cuando se enfada, si minimiza lo que sientes diciéndote que "eres demasiado sensible", o si te hace sentir que nunca eres suficiente, el problema está en sus acciones. Por mucho que te guste o por muy buena persona que sea en otros aspectos, no puedes cambiar a nadie, y no te corresponde a ti enseñarle a ser una pareja responsable.
- Y en muchas ocasiones, es un problemático baile de dos... o simplemente somos diferentes: El caso más común es cuando las inseguridades de uno activan las defensas del otro y se vuelve un círculo vicioso de discusiones y silencios. Pero ojo, también puede pasar que ambos sean personas maravillosas y "correctas", pero tengan caracteres, ritmos o formas de ver la vida totalmente incompatibles. Si tú necesitas mucha cercanía y afecto, y la otra persona es extremadamente solitaria y reservada, forzar ese rompecabezas solo los hará sufrir a los dos. Hay que entender y aceptar que ninguno es el malo, simplemente no encaja.
Preguntas para hacer una pausa en el espejo
Como no quiero que te quedes dándole vueltas a la cabeza en bucle, te propongo hacerte tres preguntas muy honestas. Si quieres, apunta las respuestas en una libreta donde nadie más las lea:
- Si esta persona nunca cambiara, si se quedara exactamente como es hoy con sus virtudes y sus defectos... ¿yo sería feliz a largo plazo o pasaría la vida esperando que se convierta en alguien diferente?
- Esta angustia que siento hoy... ¿la he sentido en el pasado con amigos o parejas anteriores, o es algo que solo me despierta esta persona en concreto?
- ¿Me da más miedo perder a esta persona o me da miedo la soledad y tener que empezar de cero?
¿Qué hacemos ahora? El camino hacia la claridad
Sé que estás asustada o asustado, y que da muchísimo vértigo tomar decisiones cuando hay sentimientos de por medio, pero no puedes quedarte a vivir en el dolor. El primer paso es hacer una pausa. Intenta hablar con esa persona desde el corazón, sin atacar, explicando cómo te estás sintiendo tú en lugar de reprocharle lo que hace mal. Utiliza frases objetivas que expliquen tu postura (Ejemplo: "Cuando pasa X, me siento Y").Y aquí viene lo más importante: observa muy bien su reacción. Si hay empatía, si te escucha con respeto y ves un interés real por cambiar la dinámica juntos, vale la pena intentar solucionar el problema (ya sea trabajando cada uno en sus propios asuntos o buscando apoyo profesional).Pero si notas que la comunicación es un muro o peor, que por mucho que hables y te comuniques la situación no cambia y que tu paz mental se sigue drenando día a día, tienes que aceptar la realidad. Admitir que una relación no funciona o que alguien no es para ti duele muchísimo, pero es un dolor que sana con el tiempo. El sufrimiento de quedarte atrapado en el lugar equivocado, en cambio, te rompe por dentro un poco más cada día.
Una relación debe sentirse como llegar a casa después de un día tormentoso; debe ser tu lugar seguro. Si el vínculo se convirtió en la tormenta, es momento darte cuenta, respirar hondo y dejar ir para enfocarte en seguir creciendo y continuando tu camino desde la paz. Confía en que Dios quiere verte feliz.